Propósitos de Año Nuevo: De la Ley del Esfuerzo a la Disciplina de la Gracia

Last Updated on enero 1, 2026 by Anthony Molina

Uno de los mayores problemas que percibo cada vez que nos enfrentamos al inicio de un nuevo año es la tendencia natural de nuestro corazón a inclinar la balanza hacia el legalismo o el mero moralismo a la hora de plantearnos nuestras metas espirituales. A menudo corremos el riesgo de ver el primero de enero como un botón de reinicio mágico donde, por pura fuerza de voluntad, lograremos ser los cristianos que no fuimos el año anterior.

Es común que en estas fechas nuestras listas se llenen de propósitos nobles: leer la Biblia completa de tapa a tapa, establecer de una vez por todas los devocionales familiares o reducir drásticamente el tiempo que invertimos en series de televisión y redes sociales para dedicarlo a las cosas de Dios. Sin embargo, me pregunto: ¿Cuál es la motivación que subyace en estos anhelos? ¿Buscamos cumplir estas metas para sentirnos más aceptados por Dios o como una respuesta de amor ante la gracia que ya hemos recibido?

Considero importante tener claro que, si abordamos estos propósitos como una carga que debemos llevar por nuestras propias fuerzas durante este peregrinaje, estamos condenados a repetir el ciclo de fracaso y frustración a mediados de febrero.

Mi propósito con esta breve reflexión es animarte a que este año cambies el enfoque. Es innegable que necesitamos disciplina. Es cierto que debemos apagar las pantallas que nos distraen para abrir las Escrituras que nos dan vida. Pero esto no debe nacer de un intento de “pagar” nuestro favor ante Dios, sino del deleite superior de conocer a Cristo.

Si te propones leer toda la Biblia este año, que no sea para marcar una casilla de “cumplido”, sino porque entiendes que en esas páginas se revela el carácter del Dios que te sostuvo providencialmente durante todo el año pasado. Si te propones liderar a tu familia al altar familiar, que no sea por cumplir un rito religioso, sino porque anhelas que tus hijos vean en ti a un padre que depende de la Palabra de Vida.

Recordemos que Israel en el desierto falló constantemente porque su obediencia no estaba cimentada en la fe, sino que sus corazones seguían atados a Egipto. De la misma manera, nosotros no podemos dejar “el Egipto” del entretenimiento vano si no tenemos una visión más gloriosa de la Tierra Prometida que es Cristo.

Por esta razón, considero que la mejor resolución para este nuevo año no es simplemente “hacer más”, sino “depender más”. Al estar unidos a Cristo, tenemos el Espíritu Santo que nos capacita para estas buenas obras. Que este año, tus disciplinas espirituales no sean un fin en sí mismas, sino los medios de gracia por los cuales disfrutas la comunión con aquel que ya cumplió toda justicia por ti.

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