Last Updated on mayo 30, 2026 by Anthony Molina
Es muy conocido el adagio popular que reza: “…los médicos también se enferman”. Esta es una frase que ciertamente expresa una realidad de todo ser humano: somos vulnerables frente a los diversos factores ambientales, microbiológicos e incluso mentales, que afectan la salud de todos sin excepción. Esto realza el valor de la medicina en la humanidad, puesto que, con los grandes avances en la medicina occidental, hemos podido combatir muchas de las diferentes enfermedades que durante siglos nos afectaron; por esta razón, podemos decir que tenemos grandes avances en el área de la salud, como el desarrollo de diversas vacunas, protocolos de salubridad, procedimientos e implementos quirúrgicos, y máquinas que facilitan los diagnósticos, entre otros.
Debido a la importancia de este tema, he decidido embarcarme en la tarea de investigar sobre cómo aportó o influyó la Reforma Protestante en esta área, ya que esta revolución teológica impactó diversas áreas de la humanidad, sobre todo en la Europa donde surgió este movimiento y donde se desarrolló gran parte de la medicina como la conocemos hoy en día. Es cierto que hay poca información sobre el tema, pero podré hacer al menos un acercamiento y rastrear los aportes de la Reforma Protestante en la medicina y en qué situaciones pudieron haber impactado “las solas” de esta reforma teológica.
En este artículo veremos a grandes rasgos la relación de la medicina y la religión cristiana a lo largo de la historia, para luego concluir en qué aspectos pudo haber influido la Reforma Protestante en el desarrollo de dicha relación.
Antes de hacer cualquier acercamiento a la medicina y observar cuál es su relación con la religión (particularmente con el cristianismo y la Reforma Protestante), siempre es sano comenzar definiendo el tema y mirar un poco el desarrollo histórico de esta relación, porque a pesar de que pudiera parecer que no tienen nada en común, la tienen, y más de lo evidente, diría yo. La RAE define la medicina de la siguiente manera:
Medicina: Conjunto de conocimientos y técnicas aplicados a la predicción, prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades humanas y, en su caso, a la rehabilitación de las secuelas que puedan producir. [1]
Sin embargo, debido a mis convicciones cristianas y al propósito de este escrito, seré también afín a la definición que ofrece el Diccionario de temas bíblicos sobre la medicina:
Medicina: Los medios que Dios ha dado para la cura de problemas físicos. La medicina simboliza a menudo la aplicación del evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo para la sanidad de los males morales y espirituales. [2]
Es evidente que, en el mismo momento en que presento una definición de un diccionario bíblico, se podrán prender las alarmas para muchos científicos, porque para ellos la religión es un campo que muy poco o nada tendrá que ver con la medicina. Sin embargo, es importante que el lector de este artículo tenga en cuenta dos cosas: primero, que tengo una fuerte y profunda convicción cristiana y esa es la cosmovisión con la que afronto las diferentes áreas de mi vida; segundo, que a pesar de que hoy en día no sea así, hubo un gran periodo de tiempo en la historia donde la relación entre medicina y religión era íntima, la cual, a medida que avance este artículo, se hará cada vez más evidente.
Es indudable que en este artículo no profundizaré en detalles históricos, debido a la limitación de espacio y a la gran extensión del tema; sin embargo, procuraré abarcar los argumentos más relevantes para dar, por lo menos, un marco histórico razonable y tener información base para discurrir sobre el tema en cuestión.
MEDICINA ANTES DE LA REFORMA PROTESTANTE
Este periodo de tiempo es inmensamente amplio, con infinidad de información, además de las diversas variables culturales que aportan al desarrollo de la medicina, la definición y la relación entre salud y enfermedad. En este periodo abarcó un poco más de XV siglos d.C., sumado al tiempo anterior a Cristo de desarrollo en esta área en las diferentes culturas como la hebrea, persa, griega, romana y china. Debido a la amplitud de estos períodos y al propósito de este artículo, me centraré en la relación religión-medicina de la tradición hebrea.
Religión y medicina en la Edad Antigua Hebrea en el Antiguo Testamento

Sabemos por lo anterior que fueron varias las culturas, además de la hebrea, que aportaron en gran medida al desarrollo de la medicina; sin embargo, mi enfoque en este tópico es sobre la cultura hebrea porque, como cristiano, tengo en la Escritura la base más sólida e inerrante a la hora de investigar sobre este tema. A pesar de que la Biblia no es un libro de medicina, lo que dice acerca de este tema es veraz y genuino, por lo cual considero que en las Escrituras encontraré una buena fuente para tratar el tema en este periodo histórico.
Un común denominador de la relación Religión-Medicina en las diversas culturas de esta época es que las enfermedades eran causadas principalmente por una deidad espiritual, por lo que se acudía a plegarias y sacrificios. Por ejemplo, los babilonios consideraban que las enfermedades eran causadas por posesión demoníaca o por ataques mágicos llevados a cabo por brujas; por esta razón, el tratamiento médico consistía en varios rituales y encantamientos que expulsaban dichos demonios del cuerpo del paciente. Tales métodos podrían incluir oraciones y hechizos, amuletos mágicos, unción con agua, aceite o harina, y fumigación con humo hecho de la quema de varias plantas. [3], [4]
Evidentemente, en la cultura hebrea también encontramos en el Antiguo Testamento evidencia al respecto, aunque con la gran diferencia de que los judíos hicieron grandes esfuerzos por desvincularse de la magia, la hechicería y el culto a deidades paganas, cimentándose en la Palabra del Dios verdadero, de quien mana toda forma genuina de combatir los avatares de la vida, incluyendo las enfermedades.
A grandes rasgos, pues, basados en el Antiguo Testamento podemos hacer varias aseveraciones sobre esta relación religión-medicina en la cultura hebrea. Por ejemplo, podemos decir que los sacerdotes eran los encargados de la salud pública, ya que se atribuía un origen espiritual a las enfermedades y a la salud, puesto que estas eran consecuencia del pecado (ej. Deut. 28:20-22). Todo esto porque Dios era quien curaba (Éx. 15:26), pero los sacerdotes eran el instrumento por el cual Dios, muchas veces, impartía sanación. [5], [6] Todo esto se ve reflejado en el gran énfasis que hay en la medicina preventiva a lo largo del Pentateuco, considerando que esto fue establecido para el pueblo judío aproximadamente en los años 1445 – 1405 a.C. (según la fecha aproximada de su escritura). [7]
En el Antiguo Testamento encontramos entonces ese énfasis porque se estaba formando un pueblo; por tanto, se debían evitar las epidemias por medio de la ordenación de baños, lavamientos y la regulación de la vida sexual a través de la prohibición de la prostitución (obviamente también porque va en contra del carácter santo de Dios). Además, también había leyes de higiene y prevención, como ordenar el aislamiento de los enfermos contagiosos, establecer cuarentenas e imponer reglas dietéticas, entre otras, mostrando así que se tenía conciencia entre los hebreos de que el contacto físico o con objetos contaminados podría enfermar a las personas. [8]
Aunque es evidente que en el pueblo israelita había muchas enfermedades, sobre todo de la piel como la lepra, algunas podían ser curadas, puesto que se establecen procedimientos para quienes se sanaban (Lev. 14). Sin embargo, debo hacer énfasis en que el pueblo no acudía a encantamientos o conjuros de médicos paganos, y cuando alguien desobedecía este mandato, la Escritura inmediatamente muestra su desaprobación. Tal es el caso del rey Asá cuando buscó médicos paganos y no a Jehová (2 Crón. 16:12). Por último, es importante mostrar que también existía conciencia del uso medicinal de plantas como la mirra, la canela, la casia, el gálbano, el áloe, el cálamo aromático, el comino, el eneldo, la mandrágora y la mostaza, para usarlas en infusiones, ungüentos o para hacer bálsamos para heridas y fracturas. [9]
A pesar de esa íntima relación religión-medicina en el Antiguo Testamento, debemos evitar relacionar a los sacerdotes israelitas con los médicos como los conocemos hoy, porque esta no era la labor principal de dicho sacerdocio. Más bien, debemos pensar en ellos como veedores de higiene y salud preventiva en el pueblo de Israel. Esta distinción es importante porque no hay ninguna referencia en la Biblia que muestre a los sacerdotes actuando como médicos, puesto que los médicos eran claramente una profesión separada de los sacerdotes y tenían un nombre especial en hebreo (rophe, de Rapha; sanar); de ahí entendemos bien la referencia a Dios como Jehová Rapha (el Señor, mi Sanador). [10]
Los médicos más cercanos a como los conocemos hoy los encontramos mencionados en Gn. 50:2, 2 Cr. 16:12 y Jer. 8:22, junto a menciones de especialistas en atender partos (parteras), como se menciona en Gn. 38:27-30. Con esto muestro a grandes rasgos que la medicina, desde tiempos inmemoriales, ha tenido una relación íntima con la religión, y por medio de estos registros podremos visualizar su desarrollo a lo largo del tiempo.
Religión y medicina en la Edad Antigua Hebrea en el Nuevo Testamento

En realidad, en el Nuevo Testamento no encontramos grandes diferencias en esta relación religión-medicina, aunque aquí ya vemos al Señor Jesucristo curando diversas enfermedades o síntomas, pero de manera milagrosa (no como algún médico pudiese hacerlo). Así curó ciegos (Jn. 9:1), paralíticos (Mt. 8:6), sordos (Mr. 7:32–37), a una mujer con flujo de sangre (Lc. 8:44), leprosos (Mt. 8:1–3), personas con fiebres (Mt. 8:14–15), un hombre con hidropesía (Lc. 14:1–6) y liberó a muchas personas que sufrían de enajenación mental por la acción de demonios (Mt. 8:16). También le dio poder y autoridad a los apóstoles “sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades” (Lc. 9:1), para posteriormente, mediante el Espíritu Santo, otorgar diversos dones a la Iglesia, entre ellos “dones de sanidades” (1 Co. 12:9). En las Escrituras neotestamentarias encontramos también al médico Lucas ejerciendo la medicina de una forma más cercana a lo que conocemos hoy en día y poniéndola al servicio de la obra del Señor al ayudar a Pablo en sus padecimientos durante las misiones evangelísticas (Col. 4:14).
En este momento de la revelación logramos ver de manera mucho más clara algo importante: de una u otra manera, el pecado sí es responsable de la introducción de las enfermedades en la historia de la humanidad y, en gran medida, este es la raíz de dichos padecimientos. Aunque no siempre podremos decir que todas las enfermedades son castigos directos de Dios por el pecado particular de cada persona, debemos decir que, en no pocas partes de las Escrituras, se hace referencia a que muchas veces algunas enfermedades forman parte de la disciplina de Dios sobre sus hijos (Heb. 12:4-13; 1 Co. 11:30). A la par de dicha verdad, no podemos negar tampoco que la práctica continuada de un pecado puede acelerar la muerte de alguien o propiciar la aparición de enfermedades. [11]
De estas realidades se deriva que, a pesar de que tener salud es algo sanamente deseable, los creyentes también pueden padecer enfermedades, y esto es ampliamente mostrado en las Escrituras. Ejemplo de esto vemos en los padecimientos de Timoteo (1 Ti. 5:23), Epafrodito (Fil. 2:25–27), Trófimo (2 Ti. 4:20) y el mismo apóstol Pablo (Gá. 4:13). También es importante mencionar que los creyentes pueden hacer uso genuino de los conocimientos médicos desarrollados, puesto que este conocimiento proviene de Dios mismo. Ejemplo de esto vemos en Pablo al recomendarle a Timoteo tomar vino debido a los problemas estomacales que padecía (1 Ti. 5:23), aunque nunca debemos dejar la oración como medio por el cual Dios puede sanar (Stg. 5:14-15).
INFLUENCIA DE LA REFORMA PROTESTANTE EN LA MEDICINA
Con este trasfondo bíblico, y dejando de lado grandes eventos históricos que no cabe mencionar aquí, notamos cómo se va expandiendo el evangelio en todo el mundo conocido y cómo nacen y caen grandes imperios como el Romano y el Bizantino a manos de los turcos, para volcar nuestra atención hacia Europa y el imperio occidental, liderado en su momento por Carlomagno (800 d.C.), sumado al gran poder que adquirió el papado durante toda la Edad Media a partir de León III (795-816 d.C.).
A finales del siglo XV, lo cierto es que la medicina no había avanzado mucho y la que se practicaba era principalmente griega, mayormente la patología humoral galénica. La realidad era que muy pocos médicos habían visto más de una disección en su vida, puesto que la autorización oficial para usar disecciones en la enseñanza de la anatomía la hizo el papa Sixto IV (1471-1484) y la confirmó Clemente VII (1513-1524).
Hasta este momento los tratamientos se limitaban a sangrías, dietas, purgas y drogas extraídas de plantas. Además de esto, los médicos no eran quienes realizaban las cirugías, sino que estas las hacían los llamados cirujanos, que se caracterizaban por ser gente de poca educación y por no hablar latín. Sumado a esta triste realidad, los mayores competidores de los cirujanos eran los barberos, que, además de cortar el cabello, vendían ungüentos, sacaban dientes, aplicaban ventosas, ponían enemas y hacían flebotomías. En este periodo final de la Edad Media resaltan en la medicina Jean Fernel y Paracelso. [12]
Teniendo presente lo anterior, también debo mencionar que en el área no solo médica, sino científica, hubo un gran desarrollo después de la Reforma Protestante de 1517. Ejemplos de este desarrollo, conocido como la revolución científica, podemos observarlos en los campos de la astronomía con Copérnico (1473-1543), Johannes Kepler (1571-1642) y Galileo Galilei (1564-1642); en la física con Isaac Newton (1642-1727), y en la medicina con Paracelso (1493-1541), Andrea Vesalio (1514-1564), Miguel Servet (1511-1553) y Edward Jenner (1749-1823).

Debo ser honesto y decir que dicha revolución científica no es resultado únicamente de la Reforma Protestante, puesto que debemos tener siempre presente que, paralelamente a este movimiento teológico, se dieron, entre otras cosas, la invención de la imprenta y el descubrimiento del continente americano, y se estaba desarrollando el humanismo. Este fue importante porque llevó al hombre nuevamente a las fuentes literarias, lo que para la Reforma se vio reflejado en el retorno a los idiomas originales como el griego y el latín —donde el primer impulsor fue el conocido Erasmo de Róterdam— y, para la medicina en particular, fue volver a acceder a los escritos griegos. [13], [14]
Es cierto, muchos otros factores aportaron al desarrollo de la medicina y la ciencia en general, pero entonces, ¿cómo influyó específicamente la Reforma Protestante en su desarrollo? La respuesta a esta pregunta puede ser iluminada por las declaraciones del historiador H. Butterfield en The Origins of Modern Science:
“no sólo Inglaterra y Holanda sostienen una posición dirigente, sino que esa parte de Francia que fue más activa en promocionar el nuevo orden fue la sección Hugonote o ex Hugonote, especialmente los Hugonotes en el exilio, los nómadas, que desempeñaron una parte importante en el intercambio intelectual que estaba tomando lugar”.
De esto, pues, podemos ver claramente una relación entre el desarrollo científico y la Reforma Protestante.
Entonces, ¿cuál puede ser esa relación? Sinceramente, la respuesta parece obvia: las personas estaban retornando a las Escrituras como su única autoridad, lo cual les permitió separarse diametralmente del escolasticismo medieval para ver ahora, a la luz de las Escrituras, que la naturaleza es un agente que no solo está dentro del dominio de las verdades teológicas, sino también de una ciencia propia. Esta verdad fue expresada por R. Hooykaas:
“las ciencias modernas crecieron cuando las consecuencias de la concepción bíblica de la realidad fueron plenamente aceptadas. En los siglos XVI y XVII la ciencia fue extraída del callejón sin salida en que se había metido gracias a la filosofía de la Antigüedad y de la Edad Media. Se abrieron nuevos horizontes”. [15]
Encontramos, pues, que el regreso a las Escrituras llevó al hombre de nuevo a ver la naturaleza y a recuperar las insistentes referencias de Salomón como estudioso de la naturaleza (1 Re. 4:33), las referencias en los Salmos y los profetas para observar el cosmos y, sobre todo, el mandato presente en Génesis de sojuzgar y conocer la Creación. La consecuencia de esto fue que:
“hombres de ciencia como Ramus y Bacon rechazaron el método silogístico de la Escolástica medieval, señalando que era inadecuado para la ciencia en la medida en que partía de nociones y no de los hechos de la Naturaleza. Palissy, Paré e Isaac Beeckman, el gran científico calvinista de Holanda, hicieron hincapié en un método científico que, con claras resonancias de los Salmos, partía de la observación de la Naturaleza”.[16]
Con esto, pues, muestro el importante impacto de la Reforma Protestante en la ciencia misma, ayudándonos a vislumbrar en qué sentido la Reforma impactó la medicina.
Toda esta revolución teológica protestante, entonces, afectó la cosmovisión de muchos científicos de la época, llevándolos a buscar glorificar a Dios en cada cosa que hacían. Así, muchos desarrollaron o inventaron aparatos que aportaron, directa o indirectamente, al desarrollo de la medicina. Por ejemplo, y solo por mencionar un par, Antonie van Leeuwenhoek (1632-1723), que descubrió las bacterias, e Isaac Newton, que hizo también grandes avances en óptica.
Debo mencionar también que, en contraste con esta revolución entre científicos protestantes, hubo poca cantidad de científicos católicos, lo cual enfatiza aún más la influencia positiva de la Reforma, puesto que la historia muestra que el desarrollo científico más importante se llevó a cabo en naciones protestantes en comparación con los países católicos. Basta con mirar los enfrentamientos entre España e Inglaterra, donde los españoles no pudieron derrotar la flota inglesa, técnicamente más avanzada, y basta con mirar también que, de todos los premios Nobel relacionados con la ciencia y otorgados entre 1901 y 1990, el 86% fueron ganados por protestantes y el 14% por judíos. [17]
Como último personaje relevante, quisiera mencionar de manera especial a Miguel Servet (1511-1553), quien, a pesar de sus herejías doctrinales sobre la Trinidad, hizo grandes aportes a la medicina, puesto que, después de su inscripción en 1537 a la facultad de medicina en la Universidad de París, junto con Andrés Vesalio (considerado después el padre de la anatomía moderna), hace grandes hallazgos a nivel médico. En 1553 publica su gran hallazgo científico: la circulación menor de la sangre, es decir, el recorrido que esta hace entre el corazón y los pulmones, lo cual no era conocido en Occidente, puesto que el árabe Ibn Nafis ya lo había descubierto en el siglo XIII. Este hallazgo es interesante de mencionar porque tiene la particularidad de que Servet le da una interpretación teológica. Según él,
“Como la tradición hebrea decía que el alma se encuentra en la sangre, pero la Biblia remite a que fue inyectada por Dios al hombre a través de la respiración, al comprender que el corazón impulsa la sangre para que se oxigene en los pulmones, el aragonés no sólo está hablando de medicina, sino que le da un sentido teológico a su hallazgo científico”. [18]
COMENTARIOS AL RESPECTO
Debo decir que, al mencionar una relación entre religión (entiéndase cristianismo) y medicina, inmediatamente se prenden las alarmas de los científicos, puesto que esto sería, para ellos, un retroceso histórico e incluso científico, ya que se estaría volviendo a la “edad de piedra”. Pero lo más triste es que esta misma concepción podamos encontrarla en algunos mal llamados cristianos. Menciono esto porque muchos cristianos tienen una concepción errada sobre esta relación que se fundamenta, según lo veo yo, en tres presuposiciones erróneas:
La primera: que como en la antigüedad no se conocía el cuerpo humano y no había el desarrollo científico que hay ahora, es entendible que la religión fuera la única explicación plausible y, por lo tanto, está mal relacionarla con la medicina.
La segunda: que como ahora podemos dar una explicación natural o científica de muchas de las enfermedades, síntomas o incluso de algunos milagros de la Biblia en cuanto a sanaciones, esto significa que la relación religión-medicina está equivocada.
La tercera: que debido a descubrimientos posteriores de papiros como los de Ramesseum (1896), Lahun (1889) y Ebers (1862), entre otros que muestran un gran avance médico en épocas datadas hasta el 1900 a.C. en la cultura egipcia, esto supuestamente muestra que los relatos bíblicos sobre la nación de Israel son en realidad copia de los avances egipcios. [19][20][21]

Objetando un poco al respecto, sin buscar tener la última palabra, considero que estas presuposiciones pasan por alto muchas verdades teológicas fundamentales que caracterizan al cristianismo y dan las bases para afrontar esta clase de acusaciones (por favor, no olvidemos que estas objeciones están dirigidas principalmente a cristianos que tienen la presuposición de que ahora no podemos hablar de algún tipo de relación entre cristianismo y medicina). Por ejemplo, la primera presuposición olvida que, aunque no se conociera el cuerpo humano como hoy en día o no hubiera los avances científicos actuales, esto no quiere decir que la relación religión-medicina sea anacrónica o que las explicaciones bíblicas sobre muchas enfermedades sean falsas. Por el contrario, esto sería olvidar que ciertamente el pecado afectó al hombre en todas sus facultades, incluyendo las físicas, puesto que los cuerpos ahora también serían afectados por la muerte y estarían a merced de esta nueva realidad.
Por tanto, la explicación bíblica de las enfermedades era suficiente para el pueblo de Israel y para la humanidad entera hasta ese momento de la revelación y, de igual manera, eran más que suficientes las soluciones estipuladas por Dios en las reglamentaciones de salubridad dadas al pueblo. Pero, además, esas explicaciones son reales para nosotros hoy, porque a pesar de que conozcamos muchas explicaciones para enfermedades bíblicas, la raíz de toda enfermedad, de manera muy general, se encuentra en la caída de la humanidad por el pecado de Adán, para así crear en nosotros la necesidad de redención de la muerte como castigo a dicho pecado. Al ver la revelación completa, nos damos cuenta de que estas enfermedades, aunque reales, eran en realidad sombras de una enfermedad aún mayor de la cual el hombre debía ser librado: el pecado. [22] Evidencia de esta verdad la encontramos en los diversos pasajes de las Escrituras que muestran a Jesucristo resaltando el hecho de que de nada servía ser sano de enfermedades si finalmente no se era salvo del pecado.
Además de estas verdades, la segunda presuposición olvida que, si bien la Biblia no es un libro de medicina, lo que en ella encontramos sobre este tema es veraz y, por lo tanto, no se puede pasar por alto. Aunque hoy sepamos que la fuente natural de alguna enfermedad es bacteriana o viral, esto no deja de ser una causa secundaria, puesto que la causa primaria de todas las cosas es Dios mismo, pues es Él quien sustenta, preserva y gobierna todo por la Palabra de Su poder. Consecuentemente, Dios podrá usar todas estas causas secundarias para cumplir sus propósitos, ya sea para que una nación como Egipto libere a Su pueblo de Israel (Éxodo 7-12) o para que llegue la disciplina a un creyente por causa de su necedad (1 Co. 11:30), sin olvidar nunca que, inclusive, los milagros de sanidad, y en general todos los milagros, tenían el propósito principal de señalar a Cristo como el Mesías que decía ser, y a los apóstoles como sus enviados. [23]
Y la tercera presuposición, que para muchos cristianos parece ser la más fuerte, pasa por alto que la Escritura nunca dice que Israel fuera la única nación que pudiera tener un genuino desarrollo en todos los aspectos de la vida. Dios, en su gracia común, permite incluso el desarrollo intelectual entre las naciones paganas, que, a la larga, beneficiará al cuerpo de Cristo porque impactará positivamente la misma sociedad en medio de la cual nos desenvolvemos; esta verdad la expresa un conocido teólogo cuando dice:
“Esto significa que toda la ciencia y tecnología que desarrollan todos los que no son cristianos es un resultado de la gracia común, lo que les permite hacer descubrimientos e invenciones increíbles para desarrollar los recursos de la tierra en muchos bienes materiales, para producir y distribuir esos recursos y tener habilidad en su trabajo productivo”. [24]
Preguntémonos: ¿qué sucede entonces si la nación de Egipto tuvo algunos avances científicos mucho antes que la nación de Israel? ¿Significa esto que Israel es moralmente cuestionable por presentar alguna coincidencia con tradiciones médicas egipcias? La verdad es que no es coincidencia que Moisés, libertador del pueblo israelita de la esclavitud, haya sido criado en la cultura egipcia y haya estado expuesto a su formación y conocimientos. ¿Hace esto entonces culpables a Moisés y a Israel de inmoralidad? Debo decir que, si respondemos afirmativamente a esta pregunta, estaríamos olvidando precisamente que toda dádiva y don perfecto descienden de lo alto. Finalmente, hasta el conocimiento desarrollado por los egipcios tiene en realidad como fuente primaria a Dios, que en Su gracia común permite este desarrollo.
Tampoco hay que olvidar que este avance científico y médico era de esperarse en culturas que tenían su mirada puesta en este mundo pasajero y cuya única meta era prolongar su existencia en esta realidad, que era la única que les importaba mantener; mientras que en la nación israelita, la percepción de una patria celestial era la que dominaba su peregrinaje por este mundo. Solamente es necesario comparar el desarrollo histórico y la percepción de este peregrinaje entre los descendientes de Caín y los de Set.
En lo referente al impacto de la Reforma Protestante en la relación religión-medicina, que comprobamos no es inexistente ni anacrónica, debemos decir que el retorno a la Escritura hizo que la sociedad, que se proclamaba mayormente cristiana, recobrara esa conciencia de que Dios sustenta, gobierna y preserva la creación, que el hombre está llamado a sojuzgarla y cuidarla y, además, que todo lo que hace debe ser para glorificar a Dios. Claramente, esto impactó a la sociedad de manera positiva, ya que ahora todo se hacía a libre conciencia para la gloria de Dios, y lo que se hacía estaba basado en esta realidad y no en la tradición o en imposiciones místicas y extrañas, como muchas veces brotaba de la iglesia representada por el gobierno papal antes de la Reforma. También ha de mencionarse que con este nuevo conocimiento teológico se establecieron las bases para la ciencia, puesto que se empezaba a reconocer que Dios preservaba y mantenía las características de Su creación.
CONCLUSIÓN
Se hace evidente que sí existe una relación entre la medicina y la religión cristiana. Esta afirmación es real porque el pecado, que entró en la humanidad, tiene como consecuencia, entre otras cosas, las enfermedades físicas del hombre, que, al final de cuentas, son la necesidad que originó y que busca curar o prevenir la medicina. Por lo tanto, esta relación es innegable, puesto que el objeto de estudio de la medicina (el hombre) es el pináculo de la creación de Dios y es, finalmente, a quien se va a redimir de dicha condición caída.
La Reforma Protestante influyó positivamente en el desarrollo médico y, en general, científico, porque llevó de regreso a las naciones que se profesaban cristianas a las Escrituras, la cual es fuente de toda verdad, puesto que lleva a la criatura a ver el propósito por el cual fue creada. Esta realidad se ve manifiesta en cómo la historia muestra que las naciones protestantes son las que mayor desarrollo científico han tenido en comparación con las que siguieron aferradas al catolicismo romano.
Esta realidad también evidencia que la Reforma Protestante trajo consigo un cambio en la cosmovisión de los cristianos, puesto que ahora lo que hacían en sus vidas cotidianas debía verse afectado por una fe genuina que exigía verdaderos frutos, lo cual contrastaba con la cosmovisión de terror y misticismo que abundaba en aquel tiempo antes de la Reforma, que ocultó las Escrituras a la humanidad.
También es interesante analizar el hecho de que la Reforma Protestante, junto al humanismo que se desarrollaba paralelamente, propició una libertad de pensamiento que permitía que, a libre conciencia y, en muchos casos, para la gloria de Dios, se pudieran hacer evaluaciones que antes eran impensables para la humanidad en general. Debido al misticismo que abundaba, era prohibido hacer disecciones en cuerpos o realizar estudios más especializados. Claramente, estos movimientos hicieron que se dieran nuevos avances, como los realizados por el médico Andreas Vesalio (1514-1564) en anatomía y las disecciones que él mismo hacía, que le llevaron a crear diagramas del sistema vascular y del esqueleto humano, y que posteriormente ayudaron al avance en la medicina quirúrgica. [25] Así, aunque los médicos sigan enfermando, la libertad y la cosmovisión restauradas por la Reforma abrieron el camino para que entendieran, como nunca antes, el porqué de la enfermedad y el cómo combatirla, todo para la gloria de Dios.
REFERENCIAS
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