Last Updated on enero 30, 2026 by Anthony Molina
Amados hermanos, qué gloriosa verdad es saber que nuestro Salvador no solo resucitó de entre los muertos, sino que ascendió victorioso para sentarse a la diestra de la Majestad en las alturas. Lejos de ser un evento que nos distancia de Él, Su exaltación es la garantía de que hoy disfrutamos de Su favor, Su provisión y Su poder de una manera más profunda y real que nunca.
Como creyentes, aquí es importante recordar que el hecho de que Cristo esté “sentado a la diestra del Padre” es la señal definitiva de que Su obra sacerdotal está consumada. Pero hoy quiero que nos deleitemos en lo que Su gloria actual produce en nosotros. Su presencia en el trono no es estática; es una fuente inagotable de consuelo presente que se resume en dos promesas magníficas:
Él derrama Sus virtudes celestiales sobre nosotros y nos protege de todo enemigo con Su poder.
El derramamiento de las “Virtudes Celestiales”
Cuando hablamos de “virtudes celestiales”, nos referimos a ese caudal de dones y regalos que recibimos por nuestra unión vital con Cristo. Al ser miembros de Su cuerpo, Su Espíritu Santo habita en nosotros, conectándonos directamente con nuestra Cabeza en el cielo.
El Espíritu Santo es el regalo supremo. Él es el Consolador que nos vivifica mediante la predicación del Evangelio y quien nos reparte dones para que la Iglesia sea edificada. Cristo ascendió a las alturas no para alejarse, sino para —como dice Efesios 4— dar dones a Su pueblo. Su propósito es formar en nosotros una mentalidad alineada con Su Reino, poniendo nuestra mirada en las cosas de arriba.
Sin embargo, como pastor, me siento en la obligación de recordarles algo vital: hoy se hace mucho énfasis en desarrollar los dones “visibles” o habilidades especiales, pero descuidamos las virtudes del carácter cristiano. El fruto del Espíritu —amor, gozo, paz, paciencia— es la verdadera marca de un alma unida al Trono. De nada sirve una habilidad brillante si no hay un carácter santo que refleje la imagen de aquel que nos llamó.
Nuestro Rey: Defensa y Provisión Total
Es posible que, al mirar las dificultades del mundo, alguien se pregunte: “¿Cómo me beneficia hoy que mi Rey esté en el cielo?”. La respuesta es que, precisamente desde allí, Él ejerce Su gobierno sobre todas las cosas a favor de Su cuerpo y familia.
Cristo, como nuestro Rey exaltado, nos provee continuamente de todo lo necesario, tanto física como espiritualmente. Él es el Rey que no solo emite decretos, sino que sustenta a cada uno de Sus vasallos. Pero, además de proveer, Él nos protege y defiende de nuestros tres grandes enemigos: nuestra propia carne, el mundo y Satanás.
Amado lector, nada, absolutamente nada ni nadie, puede atacarte sin que sea la voluntad de nuestro Rey y Señor. Él ha sido exaltado sobre todo principado y autoridad; todo nombre que se nombra está bajo Sus pies. Esto significa que si pasas por alguna tribulación, no es porque Su poder haya fallado, sino porque en Su soberanía Él está usando esa prueba para formar en ti el carácter de Cristo, para Su propia gloria.
Regocíjate: Su poder y voluntad son infinitos
No importa si hoy te sientes abrumado por un entorno laboral difícil, por deudas que parecen insuperables o por debilidades físicas que nublan tu panorama. Tu Rey tiene el control absoluto y Su mirada está favorablemente sobre ti.
A Él nunca le faltará el poder ni la voluntad para ayudarte. Intercede por ti como Sumo Sacerdote y te guarda como Rey Todopoderoso. Tu seguridad no depende de tus fuerzas, sino de Aquel que está sentado a la diestra del Padre y prometió preservarte hasta el fin.
Reflexiona en esto:
¿Estás descansando hoy en la autoridad de tu Rey? Recuerda: Su trono es tu refugio y Su Espíritu es tu fortaleza.
