Constantino el Grande: ¿Salvador de la Iglesia o Político Oportunista?

Primer plano de la cabeza de una estatua de bronce del emperador Constantino, con iluminación dramática y la mirada hacia arriba.

Last Updated on diciembre 20, 2025 by Anthony Molina

Hay un viejo adagio popular que dice: “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”. Por tanto, como cristianos, es de vital importancia tener un buen conocimiento del pasado, ya que esto nos impedirá caer en los mismos errores de la Iglesia antigua y también nos permitirá dar razón de nuestra fe de una mejor manera. Así conoceré los trasfondos que rodean mis convicciones y aclararé los malentendidos que puedan tener otras personas sobre el desarrollo de nuestras doctrinas.

Este es el caso de Constantino el Grande, quien impactó profundamente tanto en la historia mundial como en la de la Iglesia. Por ello, me he animado a tratar un poco su trasfondo histórico y contexto cultural para analizar mejor los sucesos a favor y en contra relacionados con la Iglesia durante el gobierno del hombre más poderoso de su época.

El propósito de este artículo es analizar la influencia de este hombre en la Iglesia y ver cómo la benefició o afectó durante su gobierno, para así saber si puedo ver en la actualidad vestigios de aquellas consecuencias. También consideraré un poco su conversión y veré si encuentro frutos dignos para considerarlo un hermano en la fe. Es cierto que se han escrito muchos tratados más completos y profundos sobre esta cuestión, pero no está de más dar un acercamiento personal hacia este hombre tan controversial e importante.

Del Sol Invicto a la Cruz: La Enigmática Conversión de un Emperador

Flavio Valerio Aurelio Constantino, más conocido como Constantino el Grande, fue hijo ilegítimo del emperador Constancio (del Imperio romano de occidente) y de una mesonera llamada Helena, quien aparentemente venía de una familia que profesaba el cristianismo [1]. Constantino siempre ha sido considerado un hombre enigmático debido a la gran disparidad de opiniones que se encuentran sobre él, tanto entre los cristianos que lo defienden como entre los historiadores incrédulos que intentan descifrar su personalidad.

La raíz de este enigma es la religión, el tema central que gira en torno a este emperador, por lo que encontramos biografías completamente dispares. Por ejemplo, hay quienes lo describen como un defensor genuino de la fe cristiana, mientras que otras biografías hablan de su conversión como un interés meramente político, y otras lo llevan al extremo de atribuirle una piedad cercana a la santidad de la Iglesia de Roma [2]. Por esta razón, el objetivo de este artículo se limitará a ver los hechos históricos que rodean a este hombre y a analizarlos a la luz de la perspectiva cristiana, sin menospreciar el testimonio de filólogos e historiadores no creyentes (pero con buena credibilidad) para dar una perspectiva personal acerca de este personaje.

Un hito en la vida de Constantino es la forma en que declaró haberse convertido al cristianismo, ya que le rodea una tradición que, a pesar de ser un hecho histórico, genera ciertas preguntas desde el punto de vista cristiano. Antes de contar la historia de su conversión, es importante mencionar la cuestión que sugieren los historiadores para explicar por qué Constantino se hizo seguidor público del culto al Sol Invicto, ya que esto podría dar luz sobre su personalidad y las motivaciones que lo animaban a inclinarse por uno u otro dios.

La historia cuenta que Maximiano, suegro de Constantino, le pidió a su hija Fausta que dejara la puerta abierta para poder asesinarlo en la noche, con la promesa de ofrecerle un mejor esposo. Pero cuando ella le contó a su marido, ambos decidieron colocar en la cama a un eunuco en lugar de Constantino para así tener la prueba de la culpabilidad de Maximiano. Este entra por la noche, mata al eunuco y celebra su hazaña a grandes gritos. En ese instante, aparece Constantino, a quien suponía haber eliminado. Constantino le concede al asesino escoger el modo en que quiere morir, y Maximiano se ahorca.

Aprovechando esta oportunidad, Constantino rompió con el sistema heredado de Diocleciano: rechazó la protección de Júpiter y Hércules y adoptó la mística solar que lo vinculaba con Claudio Gótico, un emperador divinizado (268-270), con el fin de defenderse de las acusaciones de ser un usurpador. En las monedas de Constantino, Marte fue sustituido por el Sol Invictus, con quien se identificaba a Apolo [3].

Este hecho histórico marca un precedente importante, pues indicaría en la personalidad de Constantino una inclinación a hacerse seguidor de una u otra deidad si esto le traía un beneficio particular en su reinado. En este caso, fue capaz de declararse seguidor del Sol Invicto para que el pueblo lo relacionara con un emperador anteriormente divinizado y así se mitigaran los rumores de que era un usurpador. Teniendo esto en mente, tendré una perspectiva, por lo menos a considerar, cuando relate la historia de su conversión al cristianismo.

La historia cuenta que, un día antes de la batalla contra Majencio en el Puente Milvio, Constantino tuvo un sueño en el cual se le daba la orden de poner un símbolo cristiano sobre el escudo de sus soldados. Por ello, al día siguiente, el emperador superpuso las dos letras iniciales del nombre de Cristo en griego (X y P, el Crismón) [4]. Esta historia de conversión es puesta siempre en duda por muchos historiadores, tanto cristianos como seculares, debido a que, a pesar de que comenzó a proclamarse creyente, nunca pareció haber dejado claramente su devoción al Sol Invicto. Esta duda se acentuaba cuando se evidenciaba que Constantino seguía participando en ritos paganos y, además, no se sometía al catecumenado como los demás cristianos, por el hecho de que él se consideraba a sí mismo “obispo de obispos” [5].

Emperador Constantino con armadura viendo el símbolo del Crismón en un cielo tormentoso. Estilo grabado antiguo.
Representación de la visión del emperador Constantino antes de la Batalla del Puente Milvio (312 d.C.). – Foto: IA Gemini.

Este comportamiento lleva a muchos historiadores seculares a decir que la conversión de Constantino fue meramente una apariencia por cuestiones políticas. Otros llegan al extremo de decir que su sueño, si fue real, fue simplemente el resultado de la sugestión causada por la predicación de los obispos cristianos [6]. Así ven los historiadores seculares a este emperador: como un oportunista político que supo usar ambigüedades para tener contentos a ambos bandos (cristianos y paganos) y mantener el poder. Sin embargo, me parece bastante razonable la reflexión de algunos teólogos que consideran que no se puede llegar a ese extremo, sino más bien que la clase de “fe” de este hombre fue como la de aquellos que reconocen a un Dios real y poderoso, pero a quienes eso no les es suficiente para descansar y entregarse plenamente en obediencia y santidad a Él [7].

A pesar de esta proclamación superficial de fe, sobre la cual se ha debatido muchísimo, es innegable que el impacto de este hombre poderoso en la historia de la Iglesia fue enorme. Por ello, es importante considerar las consecuencias, tanto positivas como negativas, de este periodo.

El Fin de la Persecución: La Paz Constantiniana

Cabeza de la estatua colosal de Constantino (Museos Capitolinos). Fotografía: Andreas Wahra, bajo licencia CC BY-SA 3.0.

La profesión cristiana de Constantino causó un gran impacto en la historia de la Iglesia, ya que, casi de manera inmediata, puso fin a la persecución que durante muchos años había asolado al cristianismo. Por esto, sin importar la autenticidad de su conversión, la providencia de Dios se hace manifiesta, pues trajo paz al cuerpo de Cristo después de tanto padecer [8].

Esta paz fue acentuada por el Edicto de Milán en el año 313, en el cual se estableció la libertad religiosa. Esto permitió que el cristianismo se desarrollara de manera más plena y abierta. Además, se devolvieron las propiedades confiscadas, se construyeron templos para los obispos cercanos al emperador y se les concedió exención de impuestos.

Junto a esta paz, llegaron también los tiempos en que los líderes de la Iglesia comenzaron a profundizar más en las Escrituras y a desarrollar conceptos teológicos, ya que gozaban de la tranquilidad necesaria, a pesar de que tiempo después de Constantino hubo hostigamientos relacionados con la controversia arriana. Esto también ayudó al avance del evangelio, ya que los cristianos tenían la oportunidad de predicar a más personas y con mayor libertad, tanto a ricos como a pobres, lo cual fue crucial para la extensión del mensaje en medio de un imperio que dominaba el mundo conocido. Por consiguiente, las consecuencias positivas de la conversión de Constantino son claramente el resultado de la poderosa providencia divina. Sin embargo, junto a estos beneficios, vinieron consecuencias negativas de gran peso que no son para nada minúsculas y que se relacionan con la responsabilidad humana.

El Precio de la Paz: Cuando el Imperio Entró en la Iglesia

En lo negativo, es indiscutible que la profesión de fe de Constantino fue señalada por muchos, sobre todo por los no creyentes que veían en él a un hombre que no daba testimonio de su conversión. Por ejemplo, historiadores actuales aluden a que Constantino era un asesino desalmado incluso después de su supuesta conversión, pues la victoria contra Majencio fue en el 312, mientras que en el 326 el emperador mandó a ejecutar a su hijo Crispo y a su esposa Fausta, arrojándola en una bañera con agua hirviendo [9], [10].

Es indiscutible que este comportamiento, unido a su constante culto a los dioses paganos, daba un mal testimonio. Por otra parte, otra consecuencia negativa radica en que su profesión de fe, al ser un emperador, le empezó a dar privilegios para inmiscuirse en las decisiones eclesiásticas. A tal punto, que hizo uso de su autoridad imperial para agregar un castigo innecesario en una controversia que ya estaba solucionada en el Concilio de Nicea, para, a la larga, terminar trayendo de vuelta a Eusebio de Nicomedia y, en sus últimos días, ser bautizado por este hombre condenado como hereje.

Pintura al óleo del emperador Constantino presidiendo el debate de los obispos en el Concilio de Nicea.
Representación del Primer Concilio de Nicea, un evento histórico donde líderes de la iglesia debatieron doctrinas cristianas bajo la autoridad del emperador Constantino. – Foto; IA Gemini.

Esto muestra que, en cierto nivel, a Constantino no le importaba lo que se decidiera teológicamente en el concilio, sino que solo le interesaba solucionar una situación religiosa que afectaba la estabilidad y unidad del imperio. Evidentemente, esto trajo una serie de reacciones en cadena. Debido a esta relación entre Iglesia y Estado, muchos reaccionaron de manera extrema, yéndose a los desiertos para no tener que relacionarse con estas situaciones. Y aunque esto es extremo, tampoco es de mucho ánimo ver cómo hombres como Eusebio de Cesarea (quien en gran parte mostraba el sentir común del pueblo) dejaban de lado la predicación del advenimiento del Reino porque veían en Constantino el cumplimiento de las Escrituras [11].

Esto, después, trajo como consecuencia el donatismo y una división dentro de la Iglesia. Por estas razones, debo decir que, en la práctica, las consecuencias de la relación de Constantino con la Iglesia fueron mayormente negativas. Porque, a pesar de que estas reacciones se debieron en gran parte a una mala respuesta de los creyentes, tampoco se puede negar que el testimonio de Constantino y sus malas decisiones autoritarias marcaron un precedente que afectó negativamente a la Iglesia. Es cierto, en todo esto vemos la mano de Dios obrando providencialmente, pero esto no elimina la responsabilidad humana que causó toda esta clase de problemas.

Veredicto Final: El Ambiguo Legado de Constantino

La conversión de Constantino afectó en gran manera el desarrollo del cristianismo, eso es indudable. Sin embargo, esto trajo consecuencias tanto positivas como negativas que, a la postre, terminarían afectando a la Iglesia, dejando esa mancha que muchos incrédulos usarán para sustentar sus convicciones anti-Dios.

El problema con la persona de Constantino es particularmente especial, ya que fue un emperador quien hizo esta profesión de fe, por lo que todo el pueblo estaba esperando ver qué frutos daría. Lastimosamente, la evidencia me lleva a creer que es más probable que su fe no fuera verdadera para salvación, aunque sí tenía un temor bastante marcado hacia un Dios que poseía el poder para “concederle” lo que quería, siempre y cuando cuidara a los cristianos.

A pesar de toda esta problemática, es innegable que la mano de Dios permitió al pueblo cristiano tener un periodo de paz y descanso del martirio. Sin embargo, al ver las consecuencias negativas, puedo confirmar lo que vemos en toda la Escritura: cuando el pueblo de Dios se encuentra en abundancia, a menudo comienza a apartarse de la sana doctrina para dar paso a la confusión y la herejía. Tal vez por esta situación se vive tanto cristianismo endeble y diluido en nuestro continente.

Sin embargo, aunque estas cosas negativas estén dentro de la providencia de Dios y sean en gran parte consecuencia de Constantino, tampoco puedo dejar de lado la irresponsabilidad de los cristianos de esa época, que permitieron que en esa paz se colara la indiferencia y la falta de celo por las decisiones que solo le competen a la Iglesia, como la liturgia o las resoluciones de las controversias.

Por esta razón, concluyo que, a pesar de las situaciones que rodean a este emperador, siempre es importante tener la historia clara para tomar una postura sobre la relación entre la Iglesia y el gobernante. Ciertamente, Constantino hace parte importante de la historia cristiana, sea para bien o para mal.

 


Referencias.

[1] Bárbara Pastor, Constantino, La Invención del Cristianismo (Barcelona: Titivillus, 2007). p. 34

[2] Bárbara Pastor, Constantino, La Invención del Cristianismo (Barcelona: Titivillus, 2007). p. 37

[3] Bárbara Pastor, Constantino, La Invención del Cristianismo (Barcelona: Titivillus, 2007). p. 77 – 79

[4] Justo L. Gonzales, Historia del Cristianismo – Tomo I (Miami: Unilit, 1994). p 123

[5] Justo L. Gonzales, Historia del Cristianismo – Tomo I (Miami: Unilit, 1994). p 137

[6] Bárbara Pastor, Constantino, La Invención del Cristianismo (Barcelona: Titivillus, 2007). p. 21 – 27

[7] Justo L. Gonzales, Historia del Cristianismo – Tomo I (Miami: Unilit, 1994). p 138 – 139

[8] Justo L. Gonzales, Historia del Cristianismo – Tomo I (Miami: Unilit, 1994). p 140

[9] Bárbara Pastor, Constantino, La Invención del Cristianismo (Barcelona: Titivillus, 2007). p. 143

[10] Blog de internet, Ateísmo para Cristianos (link: http://ateismoparacristianos.blogspot.com.co/2010/02/constantino-i-el-grande-responsable-del.html)

[11] Justo L. Gonzales, Historia del Cristianismo – Tomo I (Miami: Unilit, 1994). p 150 – 153

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